Deterioro al patrimonio arquitectónico

Enorme deterioro al patrimonio arquitectónico

Además, estudios recientes llevados a cabo por investigadores del CSIC determinan que la acumulación de excrementos de paloma suele dar origen a soluciones salinas capaces de ocasionar un enorme deterioro al patrimonio arquitectónico.

En dicho estudio se comprobó que los excrementos de las palomas contienen muchas de las sales que se encuentran frecuentemente en las edificaciones: cloruros, sulfatos, oxalatos o fosfatos, en cantidades que hacen pensar que pueden ser una fuente muy importante de sales en un edificio. (Gómez-Heras, 2004).

 

Todo esto, provoca el deterioro en edificios, monumentos, estatuas, corroyendo desde metales hasta mármoles. Este deterioro constituye un verdadero problema para el mantenimiento de las ciudades y especialmente de edificios o monumentos singulares.

Por otra parte, elevadas cantidades de este estiércol concentradas en zonas concretas pueden llegar a dañar la vegetación y pueden convertir las calles en deslizantes y muy peligrosas.

Sus heces, plumas y nidos pueden taponar drenajes, conductos de ventilación, canaletas, además de ensuciar los antepechos de ventanas y los balcones.

Las palomas también causan daños alrededor de granjas u otros sistemas de producción en donde consumen y contaminan cantidades de grano destinado para el consumo humano o del ganado.

Las palomas pueden incluso ser una amenaza para los aviones, en los alrededores de los aeropuertos, a los que pueden causar serias averías.

La paloma como la mayoría de las aves padece diversas enfermedades. Cuando se hallan en pequeños grupos, o en libertad, las enfermedades infecciosas suelen ser raras y pasar desapercibidas. Si el número de animales es elevado y el espacio que ocupan es insuficiente, pueden presentarse procesos de mayor virulencia y poder de difusión, adquiriendo carácter epidémico.

Las afecciones más comunes afectan a nariz y boca (presencia de exudados de distinta naturaleza) e intestino (diarreas), las deposiciones de color verdoso constituyen un claro síntoma de enfermedad.